Después de Madrid: River y la gloria eterna

Opinión 10 de septiembre de 2022 Por Identidad Noticias
La final del Bernabéu puso a nuestro Súper en los ojos del mundo y eso le dio otra relevancia internacional para siempre.
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El superclásico del fútbol argentino dejó de ser de consumo doméstico por la final de Madrid. Eso cambió todo. Fue un partido visto a los ojos del mundo, no en un amistoso o en un partido de torneo local sino en la final de la Copa Libertadores, que no es ni más ni menos que la Champions de los europeos. Esa final, que injustamente llegó a Madrid por un manejo de los estamentos de poder que no corresponde analizar en esta columna, cambió la historia del clásico.

 
 

La cambió esencialmente porque dejó de ser un partido de orden local para transformarse en uno que siempre llamará la atención del mundo. Que cambió todo no tiene discusión, porque las vidas de unos y otros cambiaron para siempre. Es común ver a los hinchas de River excesivamente felices con el solo hecho de recordar la fecha 9 de diciembre y también es lamentablemente horrible y triste la desolación de los bosteros cuando algo tiene que ver con esa fecha, o los 9 de cada mes. Algunos incluso ya en noviembre empiezan con un dolor de estómago que suele propagarse a otras partes del cuerpo. Les resulta inaguantable. No hay médico ni pastilla que se los saque.

En un país acostumbrado a los relatos, a la no aceptación del otro, los de Boca empezaron a recurrir a cualquier tipo de discurso o relato, pero el solo hecho de la palabra relato los lleva a recordar el famoso y va el tercero, va el tercero de la solitaria carrera del Pity rumbo al arco vacío que los deja nuevamente sin palabras y con un dolor sepulcral.

 

 

La forma de reaccionar bostera ante el inocente intento del Muñeco Gallardo de cerrar los ojos por 30 segundos e imaginar una situación opuesta, que sólo estaba dirigido a hinchas de River en medio de una fiesta, pone de manifiesto que es una herida que no cicatriza. No se hace cascarita porque una y otra vez les duele, les duele y les duele. Cómo les duele. Por eso reaccionan con virulencia, con amenazas, con todo tipo de bravuconadas y el solo recuerdo del 9 de diciembre les parece un hecho suficiente para justificar la violencia verbal y amenazar males y conjuras.

Quédense tranquilos. Por más que lo intenten, eso no va a cambiar. Éste será apenas un partido de fútbol. No define nada, pero como todos los clásicos es importante para el estado de ánimo al menos de la semana. En un país complejo como el nuestro, al menos una victoria en el clásico puede proporcionar un cachito de alegría a los ganadores para seguir tirando y, quién te dice, tal vez animarse al campeonato. La alegría total, definitiva, para siempre, se jugó en Madrid. Ganó River para toda la vida.

Fuente: TyC Sports

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