Juguetes que afectan el desarrollo del lenguaje infantil

Etapa Infantil 24 de diciembre de 2021 Por Franco Centurión
Los juguetes desempeñan un papel importante en el desarrollo infantil. No solo estimulan la fantasía y la creatividad, sino que también pueden potenciar el desarrollo de habilidades como la atención, el pensamiento y el lenguaje. Sin embargo, no todos los juguetes tienen el mismo potencial educativo. Algunos incluso pueden ser contraproducentes y, en vez de estimular el desarrollo infantil terminan limitándolo.
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El desarrollo del lenguaje, por ejemplo, es particularmente importante porque influye en el éxito que tendrá el niño en la lectura y la escritura, además de facilitarle la adaptación al entorno social. Sin embargo, un estudio llevado a cabo en la Universidad del Norte de Arizona reveló que algunos de los juguetes que se comercializan como educativos en realidad tienen el efecto contrario y terminan perjudicando el desarrollo del lenguaje infantil.

El estudio concluye que “el juego con juguetes electrónicos se asocia con una menor cantidad y calidad del lenguaje, en comparación con el juego con libros o juguetes tradicionales. Para promover el desarrollo temprano del lenguaje, se debe desalentar el juego con juguetes electrónicos. Los juguetes tradicionales pueden ser una alternativa valiosa para pasar el tiempo de juego entre padres e hijos en caso de que no les guste leer”.

La importancia del contexto lingüístico para el desarrollo del lenguaje infantil
En la actualidad, los padres también están sometidos al “bombardeo” de anuncios publicitarios de juguetes “educativos” que proclaman promover el desarrollo del lenguaje en los niños pequeños, incluso desde que son bebés. Suele tratarse de juguetes electrónicos que funcionan con baterías y cuentan con botones que producen luces, sonidos, música, palabras y frases cuando el niño los activan.

Estos juguetes prometen convertirse en una especie de “maestro” particular para los pequeños, pero lo cierto es que no pueden imitar la riqueza de los intercambios interpersonales, de manera que dejar a los niños muchas horas con esa tecnología en realidad limita sus oportunidades de aprendizaje.

El entorno lingüístico del niño determinará en gran medida el desarrollo temprano del lenguaje. La clave para que los niños desarrollen un vocabulario más amplio, aprendan a pronunciar correctamente y adquieran las habilidades comunicativas básicas es la calidad y la cantidad del lenguaje que escuchan de sus padres y cuidadores durante los primeros meses de vida y, sobre todo, durante los primeros dos años. Es decir, cuantas más palabras escuche un bebé de sus padres, más se involucrará en interacciones recíprocas y más desarrollará su lenguaje.

Mientras que la cantidad de información lingüística que transmiten los padres a sus hijos durante los primeros años se ha asociado positivamente con los logros lingüísticos infantiles, estar delante de las pantallas y usar juguetes tecnológicos (especialmente en los niños menores de dos años) retrasa el desarrollo del lenguaje. La razón es sencilla: el uso de los juguetes tecnológicos desplaza otras interacciones más beneficiosas que promueven el lenguaje y la comunicación.

De hecho, por el momento no existen juguetes electrónicos lo suficientemente sofisticados como para mantener interacciones sociales recíprocas que alimenten la comunicación. Un bebé necesita retroalimentación y refuerzo, no solo con palabras sino también con sonrisas, caricias y abrazos. Los centros del lenguaje en el cerebro infantil prosperan gracias a las interacciones con las personas. El lenguaje no es una simple adquisición de vocabulario, sino que implica un universo comunicativo más rico que incluye las expresiones extraverbales propias de las interacciones humanas.

Por esa razón, entre otras, la Academia Estadounidense de Pediatría ha recomendado reducir considerablemente el tiempo de uso de las pantallas y de los juguetes electrónicos priorizando la interacción padres-hijos. Específicamente, recomendó que los niños menores de 18 meses no estén expuestos a las pantallas, a menos que se trate de videollamadas. Y si los padres quieren introducir algún contenido digital, debe ser de calidad y deben estar presentes para ayudar a los niños a comprender lo que están viendo. En el caso de los niños de entre 2 y 5 años, el uso de las pantallas se debe limitar a una hora al día, siempre bajo la supervisión de un adulto y eligiendo programas de calidad cuyo contenido sea realmente educativo.

Por lo tanto, la próxima vez que estés en una juguetería, evita el pasillo de los botones, pitidos y zumbidos. En su lugar, echa un vistazo a los juguetes tradicionales, esos de toda la vida con los que probablemente tú jugaste. Este tipo de juguetes no solo suelen ser más baratos sino también más resistentes y proporcionarán más beneficios cognitivos a los niños. A la hora de elegir, considera que cuantas más cosas haga un juguete, menos hará la mente del niño.

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