SEAMOS (UN POCO) COMO ENZO

Opinión 27 de mayo de 2021 Por Identidad Noticias
La semana pasada se vivió un hecho inédito en el fútbol moderno, cuando River Plate saltó al campo de juego a disputar un partido por Copa Libertadores con sólo 11 jugadores, sin banco de suplentes, dos jóvenes debutantes en la primera del club, y un arquero improvisado, el lesionado Enzo Pérez, habitual mediocampista del equipo de Núñez.
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Dos hechos derivan de este juego entre River e Independiente Santa Fé; el primero que un brote de covid19 en el plantel millonario llevó a que padezca esta situación, lo que invita a reflexionar acerca de si el fútbol debe seguir jugándose en medio de una segunda ola más fuerte que la de 2020; y el segundo suceso es el triunfo deportivo por dos goles contra uno en favor del cuadro argentino que llenó las tapas de los periódicos y portales a nivel global.


A menudo pensamos en arriesgar para ganar, a nivel empresarial por ejemplo, en una transacción en la que podemos sacar rédito o volver al sitio donde estábamos desde lo estrictamente comercial. Lo que difícilmente ocurra es que alguien arriesgue para seguir en el sitio en el que está, donde tiene todo para perder.


Con el diario del lunes podemos entender que River Plate hizo algo heroico a nivel deportivo y se impuso en el partido. Sin embargo hay mucho más que eso detrás. ¿Por qué Enzo Pérez, lesionado, arriesgaría ir al arco de su equipo a riesgo de quedar en ridículo y ser sometido a una posible goleada?


El morbo estaba a la orden del día, fue el partido de un equipo argentino más visto de la historia de fase de grupos en Copa Libertadores, un rating televisivo superior a 21 puntos. La apuesta, salió bien, y tanto River como Enzo Pérez salieron ilesos gracias al dispositivo táctico, del entrenador Gallardo.


Pero volviendo sobre los pasos de Enzo Pérez, que lleva a un futbolista, de treinta y cinco años, ganador de varias Copas Libertadores, triunfador en ligas de Europa, titular en el seleccionado argentino en una final del mundo (Brasil 2014), a arriesgar su prestigio, ese capital simbólico que es tan volátil en todos los quehaceres de la vida.


Lo movió su corazón de hincha, su profesionalismo, su familia futbolística y seguramente su familia. El orgullo de formar parte de un grupo humano, y al mismo tiempo el dar un poco más.


¿Cuántas veces damos un poco más? Cuando lo más lógico en la vida cotidiana, en lo laboral, en lo familiar, en el estudio, en lo que fuere que emprendemos lo que predomina es “hasta acá me compete hacer” tal o cual cosa. Además el contexto, era dar más para conservar la posición, no para escalar. Era dar más, por el hecho de dar un plus en su trabajo diario sin importar las consecuencias.


Seamos como Enzo, al menos un poco. Demos un poco más en todo lo que hacemos y unidos saldremos adelante, no en lo deportivo, sino en lo social.

Por: Periodista Roberto Sacoff

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