Para la historia, Selección

Deportes 14 de octubre de 2020 Por Identidad Noticias
Argentina ganó 2-1 en la altura de La Paz, con grandes actuaciones de Messi, Lautaro y Palacios. Arranque perfecto del equipo de Scaloni en las Eliminatorias.
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El martes 13 será una fecha que habrá que revisar. Dicen que trae mala suerte, pero para la Selección puede ser una fecha fundacional porque en contra de todos los libros, cambiando la estrategia de toda la vida, con un plantel en formación, Argentina consiguió el milagro en La Paz. Quince años después, en un escenario históricamente hostil, en el que hasta ayer sólo había ganado en tres ocasiones, la Selección hizo pata ancha. Y decir que estuvo a la altura en los 3.600 metros de La Paz no es un lugar común: es un flor de elogio.

Este grupo que está haciendo sus primeras armas en los partidos por los puntos, estos jugadores que siguen debutando en las Eliminatorias (ayer le tocó a Facundo Medina y a Joaquín Correa, quien hizo el gol del triunfo) se metieron en la historia. No por el nivel del rival, que es bastante pobre, si no por sortear un escollo que parecía imposible. Si en el llano no hay equivalencias (el 5-0 de Brasil es el mejor ejemplo) con menos oxígeno la Selección hizo valer cada una de sus individualidades.

Con Messi jugando su mejor partido en la altura, con Lautaro protagonizando una actuación consagratoria, con Joaquín Correa mostrando por qué fue convocado y juega en grandes clubes de Europa (ahora en la Lazio), con Exequiel Palacios dejando claro que su talento no se quedó en la valija cuando llegó a Alemania por más que en el Leverkusen no le den minutos, y con todos aportando su granito de aire para sacar tres puntos de oro. Para arrancar las Eliminatorias con puntaje ideal.

Los abrazos del final o esa alegría desaforada de Scaloni al estrujar a Lautaro en el empate hablan de lo difícil que es jugar en Bolivia. Y si encima la Selección va con un grupo nuevito, con jugadores que están reconstruyendo lo que fue un equipo de elite, todo esto suma. Porque no se ganó de casualidad: se ganó bien, con justicia, con juego, si hasta se colectivamente se mejoró en relación a lo que se hizo en la Bombonera.

No es para tirar manteca al techo ni para firmarle un cheque en blanco al DT, obvio, pero sí hay que sacarse el sombrero por cómo trabajó con su cuerpo técnico la previa, cómo lo planteó y cómo lo dio vuelta.

En la antesala parecía desmedida la frase de Scaloni subrayando que Bolivia es de los mejores equipos jugando como local -la estadística no ratifica esa sentencia-, ya que las cualidades del rival están a la vista. Pero en esos primeros 20 minutos se vio a un equipo visitante que llegaba a destiempo, pases que no tenían precisión y espacios en todas las líneas... Bolivia no era un festival de fútbol, aunque la sensación era que el 1-0 estaba al caer. Y cayó tras una secuencia de malas decisiones defensivas que incluyeron a De Paul, los centrales y Tagliafico.

Lo que habitualmente hubiera sido un mazazo, en la Argentina operó como un revulsivo. Como si en ese momento hubiese cambiado el aire (y el chip). En desventaja, Argentina dejó de pensar en la geografía y empezó a pensar en la pelota, en Messi, en Palacios y en atacar. El 1-1 llegó mucho después de lo que lo merecía el desarrollo y en una jugada en la que Lautaro demostró por qué es un Toro.

La mentalidad de este plantel que se está formando, con los líderes viejos como el capitán Lionel y Otamendi, se observó en el ST. Siempre se valora un punto en la altura, pero a medida que pasaron los minutos la Selección se sintió cada vez más dueña del Hernando Siles, encontró espacios, apareció el juego del Diez, y nunca dejó de buscar el triunfo. A ritmo lento, tomando las precauciones del caso, empezó a coquetear con la hazaña.

Quizás el cuento perfecto hubiese sido que el gol del triunfo fuera en ese jugadón de Messi con Lautaro que Lampe ahogó. Pero nunca hubo conformismo y en otra buena jugada colectiva llegó el gol de Correa, otro acierto del DT, luego de que el nueve demostrara todo lo que aprendió jugando con Lukaku para completar una actuación para el recuerdo. Hay que celebrar. Alegrarse con que el futuro está despejado y aprender que, con convicción, no hay que temerle ni a la altura ni al martes 13.

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